La “Guía de Anécdotas, Cuentos, Crónicas y Leyendas de la Ciudad Colonial” orientó el paseo por los escenarios de la ciudad Primada de América, donde simples personas dejaron grandes historias que hoy podemos disfrutar. Frente a cada lugar se recrearon los amores triunfantes y hasta los derrotados; comedias y tramas… en fin, pasiones que se pueden vivir al traer en memorias la herencia escrita.

La ruta parte a pie desde el Clúster Turístico de Santo Domingo (CTSD), lugar donde se encuentra la oficina de Kin Sánchez, escritor del libro y quien, con él en mano, nos conduce hacia algunos de los tantos puntos en los que se pusieron en manifiesto las costumbres, leyes, odio, amor y hasta torpeza de la época colonial. En estas líneas queda atrás la solemnidad para sentir desde otra piel el color de las vidas de fantásticos, pero humildes personajes que coincidieron bajo el mandato de la corona y un poco más allá.

Como la conocida por la tradición que cuenta que en el parque Colón el invasor haitiano Toussaint Louverture reunió a la población para pasarla a cuchillo; entre la multitud tocaba a las personas con su bastón de mando como si fueran ganado, hasta que tocó a doña Dominga Batista, quien bruscamente retiró el bastón y abofeteándole dijo: “Así no se trata un caballero a una dama”. Hubo suspenso. El momento se hizo eterno. Toussaint se inclinó disculpándose y se retiró dejando a todos llenos de dudas, pero con la certeza de que fueron salvados por la valentía de aquella señora, cuenta Sánchez.

Inspiración

La guía se hizo en dos versiones, español y francés. Su autor la escribió por insistencias de su amigo y director del Clúster, en aquel entonces, Luis Molina. A él le compartía sus conocimientos sobre las calles y hogares coloniales; por lo que a modo de chanza, Molina le decía que eran historias que se inventaba y que por tal motivo no se atrevía a escribirlas.

“Te amarraré a la pata del escritorio para que las redactes”, recuerda Sánchez con carcajadas… y confiesa que “yo nunca imaginé escribir un libro, de hecho, lo que hice fue unir ovejas de la tradición oral; escritas y demás”.

Lo que más le ha agradado de concretar esta solicitud por parte de aquel amigo, es que ha visto grupos haciendo el recorrido siendo orientados por la guía, conociendo su historia y disfrutándola a la vez. Compromiso

Social “La educación es primordial, si no hay enseñanza no hay conciertos. Razón por la que requieren la entrega de los músicos; que se distribuyen para dar a 800 niños del conocimiento que ellos han recibido”.

PADRE BILLINI

Parque de gratitud

La caminata nos lleva a tomar asiento en la plaza de Don Francisco Billini, aquí Kin Sánchez, quien lee y comenta, recuerda que cuando era niño los padres le decían “acuérdate del Padre Billini que fue el que más favores hizo y le hicieron el parque más chiquitito”, lo que advierte sobre la ingratitud de quienes se beneficiaron hacia los que les hicieron bien.

Pero para Kin, el parque, a pesar de su pequeña delimitación, es una creación de gratitud que proviene de la siguiente narración, dicha y escrita por él: en la era de la colonia sobre lo que hoy es el parque, había una casa en la que uno de los esclavos se atrevió a comparar a la viuda de la casa del frente (hoy La Bricciola) con una vaca lechera que ordeñaba en plena calle. El sobrino de aquella mujer, varón primogénito de la familia Franco de Medina, tomó para sí la defensa del honor de su tía; pidiendo castigo y presentación de disculpas al amo del ofensor, quien no accedió. El caso pasó a los tribunales y el responsable del intrépido cautivo fue condenado a indemnizar al demandante con su casa y pago de las costas del juicio. El desgraciado hombre exclamó “¡Así es fácil hacerse más rico y adquirir propiedades!”, por lo que el demandante al enterarse sentenció: “No será para mí, sino para todos” y mandó a demoler la edificación para convertirla en una casa pública; razón por lo que la cuadra es la más grande de toda la zona.

El parque tuvo varios nombres hasta que el Ayuntamiento la compró para donarla al comité pro homenaje al Padre Billini, de quien hay una estatua hecha por el francés Ernest Gilbert. El parque es símbolo de la gratitud de quienes recibieron la caridad del Padre Billini.

 En la Casa de Tostado

En la calle Padre Billini, esquina Arzobispo Meriño está la Casa de Tostado, nombre dado por haber pertenecido al escribano Francisco de Tostado. Fue construida en el siglo XVI y  tiene un mirador en el techo, geminado con estilo Gótico-Isabelina con reminiscencias moriscas, que los constructores no volvieron a repetir en toda América. “O sea, que la dichosa ventanita es la única en el nuevo mundo”, dice Kin Sánchez.

Durante los días difíciles del siglo XIX, República Dominicana estaba invadida por el ejército extranjero, por lo que reinaban sentimientos de patriotismo y rechazo a las tropas invasorasÖ y en algún corazón el amor se dejaba sentir. El propietario de la casa antes descrita tenía una sola hija, a la que idolatraba. Era una joven y hermosa doncella que todas las tardes pasaba el rato sentada junto a la particular ventana, desde donde sus ojos miraron pasar a un teniente del contingente extranjero, quien también la miró. A partir de ese momento ambos buscaban la forma de que más veces se repitiera la escena, pues era lo único que podían hacer. No se sabe cómo, pero se pusieron de acuerdo y una noche mientras todos dormían, sus manos se entrelazaron por primera vez, a través de la puerta enrejada del jardín que da a la Meriño; estos ilusos pensaron que el imposible sería posible; hasta que la maldición los alcanzó una noche sin luna y fueron sorprendidos por el padre, que empoderado de ira  arrancó la vida del apuesto joven.

Ella enloqueció de dolor. Por última vez sus ojos miraban los ojos de su amado, que yacía en charco de sangre que le alejaba la vida. Entonces corrió hacia el pozo del jardín y se lanzó al fondo en busca de encontrarse con él en un lugar donde no haya barreras para amar. El error del mono

Finalizando esta parte de los recorridos, los pasos se detienen al frente al Palacio del Cardenal, donde está la Casa del Sacramento, en la que se destacan sus dos hermosos miradores. Aquí, durante el gobierno del virrey Don Diego Colón, vivió el alguacil mayor, Don Luis Garay junto a su familia. La casa lleva el nombre gracias a la historia que la envuelve: A Don Luis un capitán de navío le regaló un orangután, simpático, dócil y juguetón, que se convirtió en la mascota consentida del hogar, pero detestada para el viejo esclavo Lorenzo.

Un día Cuquito (el orangután) entró a la habitación del bebé de cuatro meses, lo tomó en sus brazos y subió al techo a realizar acrobacias y maromas con el pequeño. La familia  y la servidumbre se congregó angustiada; la madre del niño, Librada, gritaba desesperada “¡Santísimo Sacramento salva a mi hijo, ofrézcote esta casa!…” a lo que Don Luis secundó “¡óyela Señor!” y todos a una voz repetían “¡óyela Señor!”. El animal bajó y puso el niño en la cuna, luego se trepó en su árbol de mango preferida, donde el esclavo Lorenzo lo mató con una escopeta; y al entrar a la casa dijo: “Se acabaron las monerías en esta casa”.

Tomado de: http://www.listindiario.com/la-vida/2016/06/11/422640/pasiones-de-la-ciudad-colonial
Por Mayra Pérez Castillo
mayra.perez@listindiario.com